La mayoría de nosotros tenemos la tendencia a creer que los verdaderos conflictos que dan forma al mundo ocurren 'ahí fuera', en los gobiernos, en las zonas de guerra, en las decisiones de los líderes poderosos. Sin embargo, si somos honestos con nosotros mismos, existe otro tipo de conflicto al que nos enfrentamos a diario, uno 'menos bullicioso' pero igual de persistente. Se manifiesta en las conversaciones que evitamos, en las verdades que eludimos y en las decisiones que posponemos. Como psicoterapeuta, he llegado a comprender que estas tensiones internas —entre el miedo y la valentía, la comodidad y el cambio— no solo dan forma a las vidas individuales. De hecho reflejan, de maneras sutiles pero impactantes, las mismas dinámicas que presenciamos en el escenario global.

La menopausia no trata sólo de lo que pasa en tu cuerpo, sino también de lo que sucede dentro de él. A menudo se describe como un período de transición y transformación, uno que no solo tiene un impacto físico profundo, sino también emocional. Recuerda, somos como una máquina y, al estar finamente ajustada, cada sistema en nosotras está interconectado. Cada sistema interno se ve afectado por este cambio, iniciando una transformación que toca no solo el cuerpo, sino también el bienestar emocional y el sentido de identidad. Aunque a veces abruma, este proceso también puede fomentar el crecimiento al replantear perspectivas y redefinir prioridades para el siguiente capítulo.

Desde hace algún tiempo, he estado pensando en el significado, y el impacto, de la crisis de la mediana edad. Es este un estado emocional, un estado físico/hormonal, o tal vez ambos? Cómo se combinan éstos? Este artículo no es un estudio de biología, sin embargo, evidencia la importancia de la interacción entre la mente y el cuerpo, y cómo se afectan entre sí.

Recientemente participé en una teleconferencia en línea con un grupo de jóvenes que desde hace algún tiempo llevan una vida de expatriados. El foco de la conversación se centró en el tema de ‘pertenencia’ y su significado. Preguntas como dónde pertenezco, a qué pertenezco, qué significa el hogar y dónde anclamos nuestra pertenencia en este mundo surgieron como el común denominador.

La COVID-19 ha agregado un elemento adicional de turbulencia a nuestras vidas ya ocupadas. En mi mente surgía una imagen que proyectaba un mundo que parecía haberse (casi) detenido debido a la pandemia. La vida, tal como la conocíamos, quedó de cierta manera paralizada y, si no totalmente, al menos disminuyó su ritmo y desvió su rumbo debido a cambios inesperados que, con toda certeza, evocan diferentes niveles de incertidumbre, angustia, miedo e ira, entre otros. Pensé que sería interesante reflexionar sobre esta situación y sus posibles implicaciones dependiendo de la 'etapa de la vida' en la que nos encontremos y de lo 'duro' con que esta situación nos 'golpee' a cada uno de nosotros.

Porqué a veces sentimos que una emoción puede tomar control de nuestras vidas de una manera tal que inhibe nuestra capacidad de pensar, afectando nuestro comportamiento e incluso nuestras funciones corporales? El objetivo de este breve artículo es el de intentar de arrojar algo de luz respecto de cómo controlar nuestras emociones en el marco de la interminable disputa interna relativa a cómo reaccionamos y/o respondemos a los estímulos internos y/o externos.

Recuerdas esas películas de vaqueros en las cuales aparecían los 'jovencitos' montados en sus bellos y poderosos corceles y hacían girar su lazo en el aire, por encima de sus cabezas? De haber tenido éxito, saltaban de su caballo para rápidamente dominar el novillo. El animal yacía en el suelo con sus patas bien amarradas, sintiéndose momentáneamente indefenso en la medida que ear incapaz de moverse y menos aún, levantarse.